El énfasis del método recae en la intensidad con que la mente se implica en la práctica de posturas (asana), regulación de la respiración (pranayama) e interiorización de los sentidos (pratyahara), como medio de transformación de la consciencia.

La práctica de asana en Iyengar es altamente rigurosa y precisa, por lo mismo, es muy segura para la salud, además se centra en REALINEAR el cuerpo físico ayudando a reestructurar la postura.

Las asanas se practican de manera diferente en cada clase, para así ir profundizando en los múltiples aspectos de estas, lo que hace que las clases sean variadas y entretenidas.

El uso de implementos diseñados por B.K.S. Iyengar -tales como barras, cuerdas, aparatos de madera, cinturones- ayudan al/la practicante a conseguir un mayor beneficio y perfección en las posturas, y también posibilitan que personas con dificultades puedan realizarlas.

El yoga IYENGAR® puede ser practicado por todos y todas. En este sentido, las asanas están adecuadas a las capacidades personales, al estado de salud fìsica y emocional del practicante.

La finalidad inmediata del yoga es que el practicante alcance crecientes niveles de salud. La salud es el piso desde el cual se puede aspirar a logros más complejos, como la estabilidad emocional, la focalización y quietud de la mente y la devoción. Su práctica conduce a un alto grado de sensibilidad del cuerpo, a una estabilidad y resistencia emocional y  transmite una sensación amplia del bienestar.

Cuando la práctica se ha prolongado en el tiempo y se realiza con pasión, produce el despertar de un sentimiento de devoción, humildad y contento con la existencia.

Los efectos del yoga son inmediatos, como la sensación de vitalidad y bienestar. Sin embargo, aquellos más complejos, como la sanación de lesiones, requieren de un período prolongado y constante de práctica personal.